Los valores de las organizaciones - Senda

Los Valores en las Organizaciones

“Misión, Visión y Valores”. Así reza el credo que la mayoría de las organizaciones tienen como bandera. Parece entonces lógico prestar especial atención a los Valores y a su influencia en el devenir de cualquier empresa y de las personas que forman parte de ellas:

¿Cuál debería ser el papel de estos valores? ¿Los conocen los directivos y resto de empleados? ¿Existe coherencia entre los valores declarados y la realidad del día a día?

Si entendemos los Valores como principios fundamentales y señas identitarias de cualquier persona o colectivo, ya sea una empresa, organismo o familia, en definitiva, cualquier forma de asociación…

…Si esos valores conforman las bases de la ética que rige nuestro comportamiento…

..Si su papel fundamental es servir de guía de actuación y constituyen los referentes básicos en la toma de decisiones…

…Si todo ello es así, ¿por qué a menudo nos los encontramos “colgados” de las paredes de salas de reuniones, cantinas y salas de espera, como posters obsoletos de algún grupo musical pasado de moda hace tiempo y que nadie se molesta en retirar porque parecen formar parte de la decoración?

A veces nos encontramos organizaciones con un alto grado de desafección por parte de los empleados, como si diariamente inhalasen un perfume imperceptible compuesto de grandes dosis de decepción y escepticismo, que poco a poco va calando hasta convertir el hecho de ir a trabajar en algo mecánico y, en cierta manera, triste.

¿Y si al salir de la última reunión del Comité de Dirección parásemos un momento delante de la lámina en la que ya amarillean los Valores de la empresa, y desde un espíritu de autocrítica constructiva reflexionásemos sobre lo cerca o lejos que estamos de esos valores que resultan ser, ni más ni menos, que los pilares ideológicos de la organización?

Cuando los Valores pierden su sentido y se convierten en meras declaraciones de intenciones políticamente correctas pero desvinculadas de la realidad empresarial, esta incoherencia entre lo declarado y lo realizado afecta directamente al estado de ánimo de los integrantes de la organización, entonces el nivel de compromiso desciende con consecuencias negativas en la eficiencia y los resultados.

Este hecho no es de extrañar, ¿qué nos ocurre a nivel individual cuando actuamos en contra de nuestros principios?, y, yendo un poco más allá, ¿qué ocurre cuando nuestros valores suponen un grado de exigencia tal que sistemáticamente los deshonramos con el malestar que esto conlleva?

Trabajar los valores en profundidad es siempre una “buena inversión”. Ya sea porque nos permite tomar conciencia de cuan cerca o lejos estamos de lo que es importante para nosotros y forma parte de nuestra esencia, ya sea para darnos cuenta de que los valores declarados no son realmente los nuestros y hemos de sustituirlos por otros con los que realmente nos sintamos identificados y nos resulten inspiradores o, simplemente, para disfrutar de la plenitud que se experimenta cuando nos reafirmamos en ellos y sentimos que estamos “en el buen camino” por muchos escollos que nos encontremos en él.